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El curioso comportamiento que nos lleva a acelerar en una dirección aún sabiendo que es errada

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El curioso comportamiento que nos lleva a acelerar en una dirección aún sabiendo que es errada

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    El curioso comportamiento que nos lleva a acelerar en una dirección aún sabiendo que es errada.

    ¿Por qué alcanzando una gran meta nos podemos sentir más “vacíos” que antes?

     

    Muchos hemos sentido alguna vez esa extraña sensación de alcanzar algo muy deseado y sin embargo cuando lo logramos nos sentirnos más vacíos que antes.

     

    La meta se diluye y casi por arte de magia eso que nos entusiasmaba tanto desaparece de nuestra visión (porque ya lo alcanzamos) y parecería que no queda nada de nada.

     

    Aunque no es real, lo sentimos así.

     

    El logro no nos colma y aunque podamos valorar lo alcanzado nos queda esa sensación de vacío.

     

    ¿Qué pasó? ¿De qué extrañas leyes desconocidas fuimos víctimas?.

    ¿Seremos inconformistas o qué nos estará pasando…?

     

    Porque a los ojos de muchos podemos haber logrado algo importante, pero en ese momento ¿Qué valor puede tener si lo que sentimos adentro es “vacío”?

     

    Hace unos años viajé a visitar a una pareja de amigos muy afines a mi propio camino, que hacía muy poco tiempo habían construido su propia hostería en Córdoba (Argentina). En realidad viajé para agradecerles personalmente el apoyo que me habían dado, en mi proceso de cambio, varios años atrás. Ellos estaban dando un gran salto al salir de un espacio que alquilaban hacia materializar un espacio propio, construido a su medida….Muchos años de sacrificio que no habían sido en vano porque eran referentes en su ambiente y tenían un futuro próspero.

    Llego al espacio, me reciben con la alegría del reencuentro y me muestran su hermosa hostería en la naturaleza con jardines llenos de flores y caminitos que conducían a las piletas y a las hermosas habitaciones. Entramos al living de la recepción donde desayunan y merendaban los huéspedes con unos ventanales tan grandes que uno se sentía en un espacio de silencio y armonía pero casi como si estuviera integrado al verde de afuera. Yo estaba sorprendido del crecimiento del proyecto y lo hermoso del lugar. Seguimos caminando hacia la casa, nos sentamos en un sillón y me sorprendo con lo primero que me dicen: “queremos vender”. Me explican del cansancio de tratar con la gente, varios motivos más y la decisión tomada. Pasaron los años y me preguntaba en qué manos habría quedado el proyecto, el lugar….cómo se habría organizado ese cierre y la reorientación de sus vidas….para mi sorpresa me entero que no sólo no se había vendido, sino que habían construido nuevos espacios apostando a un mayor crecimiento…

     

    Existe un curioso “patrón”, pero muy habitual, de comportamiento que sucede en aquellos que quieren hacer un cambio y cuando llega el momento, hacen algo más grande, más de lo mismo, en la dirección que querían abandonar…

     

    Ese viaje lo vi con claridad por primera vez, después vendrían muchas más comprobaciones, en las que comencé a detectar ese mismo patrón: el profesional que quería dedicarse a otra cosa y en vez de eso hace un doctorado, el emprendedor que quiere dejar su emprendimiento pero en vez de eso se asocia con otro y crece aún más, el dueño de un negocio con local que quiere cerrarlo pero en vez de eso abre un local aún más grande, la esposa decidida a separarse que termina teniendo varios hijos más, etc etc, etc

     

    Hace varios años se hizo un experimento con monjes a los que se les daba tareas a realizar en un determinado tiempo y en un momento se coloca a una persona en el piso necesitando ayuda.

    Aunque el ejemplo no aplica del todo porque cumplir con la tarea era una exigencia del experimento y no un camino errado, se supone que siendo monjes con consciencia podían discernir entre lo verdadero y errado en el momento.

    ¿Qué hacen los monjes? ¿Se detienen a ayudar a la persona necesitada o prefieren cumplir su tarea?

     

    Tal vez lo suponías. La segunda.

     

    El “dolor de la revelación” de ayudar a la persona necesitada en el piso decantaba en la conveniencia de cumplir con la tarea.

    Esta aparente incoherencia es más habitual de lo que uno supone. En el momento del ápice de la posibilidad de cambio existe un momento de gran tensión en el que se “enfrentan dos dolores.” Dos tensiones, la de “sostenerse” en la dirección nueva y desconocida o la de “seguir” el camino que nos llevará a alcanzar una meta, pero que al final nos dejará esa sensación de vacío.

     

    Podemos conceptualizarlo en la siguiente fórmula:

    DRV > DRCCE

    El dolor de la revelacion de la verdad ( y todo lo que implica) es mayor que el dolor de la revelación de la certeza del camino errado.

     

    DRV: dolor de la revelación de la verdad

    DRCCE: dolor de la revelación de la certeza del camino errado

     

    ¿Cuál es el dolor más fuerte?

    Dos dolores, uno elige.

    Habitualmente el primero.

    Triste, pero es la cruda verdad.

     

    Ante una revelación muy fuerte se produce un dolor y optamos por lo “más conveniente” antes que por lo “más verdadero”.

     

    Habitualmente negamos y descartamos una verdad y continuamos el mismo camino porque aceptarla tiraría por la borda años de esfuerzo, pero sobre todo porque el dolor de la revelación genera un impacto que nos cuesta ”metabolizar”.

     

    La luz quema.

     

    Pero si permanecemos en la incomodidad que genera la revelación, elegiremos el camino correcto, el que “es” para nosotros. Frenaremos ese impulso de seguir corriendo en la dirección equivocada.

     

    Porque ¿Qué sentido tiene avanzar a 200 km por hora en una dirección que no es la nuestra?

     

    Más que ir a buscar, dejar entrar

    Ninguna gratificación es tan grande como aquella que llega con la certeza de que es para “nosotros”, que puede aparecer como una meta espontánea sin una idea fija y premeditada de buscar algo…

     

    Las metas son importantes pero ¿Cómo sabemos que esa meta es para nosotros?

    Cuando digo para “nosotros” me refiero a nuestra ”alma”

    Si la meta esta desconectada de un “propósito” de nuestra alma inevitablemente sentiremos ese vacío.

     

    Esto tiene una explicación técnica porque una meta puede ser sólo un objetivo de la “personalidad” o puede estar también conectada con nuestra “alma”.

     

    La clave es el sentido o propósito.

     

    Si esa meta tiene propósito nos sentiremos “alineados”.

     

    Se replantea entonces el sentido de éxito. Ya no como algo externo “material” porque si nos deja vacíos, no podemos llamarlo éxito…

    La “personalidad” busca afianzarse en las propias metas, el “alma” busca un sentido superior más asociado al bien común.

     

    El éxito se redimensiona como algo “interno”. ¿Cuánto de lo que soy aporto al mundo?.

     

    Más que “ir a buscar” Dejar entrar, aceptar.

     

    Dejar entrar la luz del alma, aceptar lo que “llega” a nosotros con claridad y aunque incomode tener una de las valentías más importantes y silenciosas, la de soportar el dolor de la revelación.


     

    Lic. Alexis G.Ansaldo

    Almamater.alexis@elalmaimporta.net

    Creador de Almamater (desarrollo del potencial interior) proyecto de orientación psicoenergético y formación para la verdadera Vocación. 

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